
Vacaciones 2025. El encuentro que despierta la esperanza
Las vacaciones de Comunión y Liberación son clave: unen descanso, amistad, fe y vida cotidiana para mostrar que Cristo abarca todo.Las vacaciones de Comunión y Liberación siempre han tenido un lugar especial dentro de la vida del movimiento. No son solo días de descanso, sino un gesto educativo en el que la amistad, la fe y lo cotidiano se entrelazan para mostrar que Cristo abraza toda la vida. Este año, bajo el lema El encuentro que despierta la esperanza, las vacaciones nacionales en Venezuela fueron ocasión para redescubrir ese horizonte.
Durante esos días y los que lo siguieron, distintas voces compartieron cómo vivieron este gesto en medio de la realidad concreta de cada uno, mostrando que la esperanza es algo real, encarnado en una comunidad unida por un Otro.
Entre los que escribieron testimonios, el relato de Sonia, de Caracas, nos muestra cómo lo inesperado puede estar lleno de ternura cuando se vive acompañado. Ella compartió la dificultad de viajar sin su esposo, Lewiss, quien debió ser operado de la retina pocos días antes: “Tenía que elegir: perdernos de esta experiencia o asumir el desafío de ir con mis hijos Matías y Andrés en compañía de una tía paterna”. Esa circunstancia, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en el lugar para vivir el tema de las vacaciones: abrazar la realidad, incluso en la contradicción. Lo descubrió en gestos sencillos: en la conmoción de Matías al escuchar los cantos que le recordaban a su papá, o en el esfuerzo de Andrés por comunicarse más a pesar de sus desafíos. Sonia reconoció que todo era una invitación a la confianza, un llamado a testimoniar que incluso en la prueba el Señor es fiel y acompaña con ternura.
Sebastián, uno de los jóvenes de la comunidad de Caracas, transmitió la alegría de crecer dentro del movimiento y de descubrir en cada año una mayor madurez espiritual: “Estas vacaciones han sido las mejores que he vivido en mi vida… cada año que voy creciendo voy entendiendo más y avanzando en este hermoso camino, siendo acompañado por mucha gente que me quiere y me cuida”. Su testimonio puso en evidencia que la esperanza también se educa en los detalles: en aprender a tomar notas para no olvidar lo escuchado en las asambleas, en la propuesta de formar un grupo de jóvenes de bachillerato donde compartir con confianza la vida, o en la organización de juegos y actividades que, aunque parecen pequeñas, despiertan un gusto verdadero por participar y construir juntos.
Por su parte, Yilenia, de Mérida, narró con franqueza las dificultades que casi le impidieron viajar: problemas económicos, contratiempos personales y un recorrido de catorce horas en carretera. “Con todo esto por delante me preguntaba, ¿qué cosa es esto tan grande que no me aleja de mi realidad sino que me despierta, y me mueve a encontrarme con otros, y por qué?”. La respuesta llegó al arribar al destino: en lugar de encontrar a todos cenando, la comunidad los esperaba para iniciar juntos. Ese detalle, dijo, fue signo concreto de la compañía de Cristo. “Pasó a un lado lo programado, y estaba allí, la reciprocidad de la valiosa compañía que espera el encuentro”. Su experiencia mostró cómo, incluso en medio de la fatiga y la incertidumbre, lo que prevalece es la certeza de una presencia que sostiene y educa en la esperanza.
El testimonio de Gustavo, del Tocuyo, también iluminó de forma particular el lema de las vacaciones. Él relató cómo, tras haber perdido su trabajo, se enfrentó a una profunda crisis personal que lo llenó de dudas y miedo, aunque hacia afuera aparentara calma: “Para el mundo me mostré confiado en Dios, pero por dentro no dejaba de autoflagelarme por las cosas que pasaron, con miedo, ansias”. El deseo de participar en las vacaciones surgió, en parte, como una búsqueda de respuestas, y fue allí donde descubrió que incluso su fragilidad estaba abrazada: “Puedo ver la hermosa manera de actuar de Cristo, reconocer que es Él quien guía mi camino… me siento pleno porque todo lo que he pedido se me fue dando a su manera y no de la nada, sintiendo plenitud en mi camino que está comenzando”.
Los testimonios de Sonia, Sebastián, Yilenia y Gustavo nos muestran que las vacaciones no son un paréntesis, sino un lugar donde la vida entera se ilumina. Lo vivido confirmó que la esperanza no es un concepto abstracto, sino un encuentro real que despierta, sostiene y educa en la certeza de que el camino es juntos.